Con mucha ilusión me enfrentaba a mi primer triatlón: Steelives Mijas 2012 (Domingo, 25 de marzo). Rectifico, a mi tercer triatlón, aunque bien es cierto que los dos anteriores en Octubre del año pasado, me lesioné el tobillo, con lo que se vino al traste mi participación.
Pero ahora sí, estaba algo más preparado, aunque no demasiado, para afrontar mi primera participación en un triatlón spring. Bien de moral y con una forma que nunca antes había tenido.
La preparación, como haría cualquier hijo de vecino que simplemente quiere probar, para saber si le gusta y se le inyecta vía intravenosa el gusanillo de la competición fue la siguiente:
Mirar en internet un plan de entrenamiento de los muchos que existen y pasarme por el forro (perdónenme la expresión) más de la mitad de los entrenos. Trabajo, familia (mujer e hijo) y entrenos se tienen que repartir mis 24 horas.
Si ha eso le sumamos que parto de cero (y cuando digo cero me refiero a que a mis 36 años no había prácticado ningún deporte con regularidad) el resultado se intuía catastrófico.
Por lo tanto, me marqué tres objetivos:
1º No ahogarme en la playa.
2º Finalizar la prueba.
3º Acabar por delante de los diez últimos participantes (éste sería para sacar nota).
No hay nada mejor para poder cumplir un objetivo que asignarlos siendo realista.
Así me planté ayer en mi primera competición. Si soy sincero, en cuanto llegué para recoger el dorsal me dí cuenta que era un mal día para dejar de fumar.
Siendo casi invierno, y con la necesidad de utilizar un neopreno, el nivel medio de los participantes distaba mucho del que intenta probar de que va todo esto. Mucho mono de club, muchísimo, poquísimos no federados, y un puñadito de bicis de montaña que no llegaban a la decena.
A eso había que sumarle un día más bien feo, con mucho oleaje (las olas eran de un metro, o eso me lo parecían a mí) y mucho viento.
En definitiva, que sentía que mi tercer objetivo se desvanecía.
Minutos antes de la competición me sentía tranquilo. También mi compañero de entrenos y fatigas, Alfonso, me ayudó mucho para ello.
De este modo, estaba concentrado y con los nervios de acero. Todo bien controlado.
Bueno, a lo mejor he exagerado un poquito y no estabamos tan concentrados como bien se puede comprobar en la foto (somos los unicos que estan saludando a la cámara). Pero aun así estaba bien de moral y confianza.
Pero sonó la bocina que indicaba el inicio de la prueba...
Todo el control, todo el valor, y todos los nervios saltaron por el aire. Olas enormes, manotazos, patadas y tragantones de agua se alternaban sin descanso. Aun así me encontraba con un mínimo de confianza para finalizar la parte acuática de la prueba. Pero entonces llegué a la primera boya.
Aquí pude constatar la propiedad física de la impenetrabilidad de la materia (eso de que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio), básicamente cuando 20 personas quieren pasar por un espacio no mayor de 3 metros de ancho. Más olas grandes, más manotazos, más patadas, más tragantones de agua. Todo se incrementa. Y aquí entra en escena mi magnífico, nuevo y brillante neopreno.
Con este neopreno, con el que había practicado sólo una vez una semana antes, descubrí que me apretaba en el cuello, de tal manera que me costaba sobremanera respirar. Lo que era al principìo de la prueba un pequeño tironcillo del cuello era ahora una mano apretando sin disimulo.
Es aquí cuando esa mínima confianza de cumplir mi segundo objetivo se esfuma y me centro en salvar el primero. Así que tiré hacia la zodiac de la Cruz Roja. Ya tendré ocasión de poder finalizar otro spring...
Así que el resultado fue un fracaso absoluto. Con todas las letras.
Bueno, al menos, cumplí mi primer objetivo. Más me valía.
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